Sede Castagnino
Del 08.03.13 al 22.04.13

La colección en foco. 1

Donaciones. Old masters en la colección

de Ribera, José

Curaduría: María de la Paz López Carvajal

Las pinturas barrocas que se exhiben en la Sala Central del museo son apenas una breve evidencia de la cantidad de piezas de escuelas europeas de siglo XV, XVI y XVII que se lucían en las espléndidas viviendas de la Rosario pujante de principios de siglo XX.

Colección histórica - Pintura

José de Ribera - San Andrés, patrono de los pescadores (Detalle)

Estas telas pertenecierono a las colecciones de Juan B. Castagnino, Enrique Astengo y Alfonso Janelli, integrantes de la próspera clase rosarina que ejercía profesiones liberales o llevaba adelante empresas agrícolas, ganaderas o comerciales. Ellos dieron forma a sus colecciones de arte a medida que decoraban sus residencias, en sintonía con la actividad de los primeros galeristas locales y orientados no pocas veces por el gusto que dictaban las flamantes instituciones culturales de la ciudad, entre ellas El Círculo de la Biblioteca fundada en 1912.

Fue El Círculo quien organizó el I Salón de Bellas Artes de 1913, que en sólo ocho días hizo público el entusiasmo de personalidades destacadas de la ciudad por el consumo de piezas de arte, especialmente por la pintura de escuela italiana y española de siglo XIX. Pero la fascinación por los old masters europeos también crecía entre los noveles coleccionistas rosarinos. En 1923, la Exposición de Arte Retrospectivo daba cuenta de la presencia de un importante conjunto de pinturas atribuidas a artistas de escuelas europeas.

Si bien hoy podemos afirmar que no todas las piezas eran de la calidad que sus propietarios imaginaban, la exhibición revelaba la presencia de coleccionistas más maduros y selectivos. Vale destacar entre ellos a Juan B. Castagnino, considerado ya en su tiempo el mejor especialista de arte de la ciudad. Dar a conocer públicamente el patrimonio no sólo encumbraba socialmente, era forjarse partícipe del gran proyecto civilizador que se había iniciado en el país en las últimas décadas decimonónicas. En este marco, era predecible la activa aportación de estos coleccionistas precursores a la gran obra del museo público de bellas artes, cuya inauguración en 1937, en un edificio de inmejorable calidad arquitectónica, fue un hito en la historia de la ciudad. Las piezas barrocas que hoy exhibimos son parte de esta historia.