Sede Macro
Del 11.05.18 al 26.08.18

El fin del mundo comenzó en 2001

Exageración poética o determinismo histórico

Curaduría: Appendino, Clarisa; Herrera, Carlos

En los siete pisos del Macro se desarrollara éste núcleo perteneciente a la muestra "Arte Argentino. 100 años en la Colección Castagnino+macro"

Colección contemporánea

Del Río, Claudia, Coca Cola es un ejército

 

Una colección de arte contemporáneo puede asemejarse más a lo que contiene una alacena, un bazar o un basural que a un conjunto de piezas artísticas socialmente identificables. Las confusiones materiales y objetuales pueden ser frecuentes sin el contexto. Los materiales de embalaje resguardan fragmentos de obras que se reconstruyen cada vez que se exponen. Son restos de una vida en la ciudad mostrados como vestigios estéticos o políticos que se cruzan con las imágenes de los estallidos que vimos en nuestras pantallas entre septiembre y diciembre de 2001. Ante esta imagen, sobrevolando sus antecedentes y observando las consecuencias de la onda expansiva imparable, pensamos en las posibles articulaciones que la colección del MACRO construye con la generación artística post-2001, post-comienzo del fin del mundo.

Ciertas imágenes conducían a la Argentina hacia el año 2000: nos movíamos entre la pobreza y la opulencia, el baldío y el building, el parripollo y el hipermercado. Hicimos como si todo hubiese transcurrido de un sobresalto y sin previo aviso. Ingresamos al nuevo milenio en medio de la dispersión, el ruido, las piedras, los grandes titulares y un nuevo vocabulario social que articulaba de modo simultáneo las ideas de escrache, riesgo país, piquete, cacerolazo o default. Ese mismo lenguaje comenzó a traducirse en el arte en diferentes procedimientos y modos de acción sobre el medio social y artístico. Los restos del estallido de la crisis ingresaron al imaginario estético de una generación de artistas, quienes articularon un nuevo uso del cuerpo, las materialidades y los recorridos urbanos. Con una mirada activa sobre el espacio y una estética despojada, objetual y performática a la vez, proponemos una selección de obras que abordan el espacio a través de instalaciones, en su mayoría resultado de la recolección de desechos de la ciudad o su evocación, restos del paisaje de la crisis como onda expansiva y ordenamientos de basura urbana asociada a la especulación estética.

El fin del mundo comenzó en 2001 no responde a una cronología que intenta mostrar una disposición a través de causas y consecuencias establecidas por las fechas de las obras, etapas de los artistas o agrupaciones temáticas y estilísticas. Mostramos el tiempo revuelto a través de la imagen de un clima de época. Esta sensación atmosférica se presenta desde la formación discursiva de un vaho climático a través de un recorte que ya no se ubica en lo contemporáneo como aquello que carece de definición, sino que establece un diálogo directo con los textos del catálogo inaugural del MACRO, ubicándolo en el momento en que devino histórico.

A partir de interpelar la visión de lo contemporáneo que sostuvo el MACRO en sus inicios, no elaboramos una lectura condescendiente con aquel espíritu que se programó la colección contemporánea, no intentamos reconstruirla. Interrogamos el sentido artístico de esta colección en el campo del arte y cómo articular sus obras con un momento del arte en Argentina.

Actualmente, el edificio propone otro modo de apilar las ideas, por eso indagamos sobre el presente que refiere menos con la definición de una categoría estética ya histórica, que con tratar de interpretar el presente desde nuevos conceptos. El fin del mundo comenzó en 2001 reúne un recorte de la colección Castagnino+macro centrada en la primera década post-2001, conteniendo no sólo algunos antecedentes de los años noventa que anticiparon tanto la debacle socioeconómica como la irrupción de una nueva estética, sino también la proyección hacia el presente en torno a las transformaciones materiales y discursivas de la nueva generación.

Clarisa Appendino y Carlos Herrera