Colección Castagnino+macro

La obra de Rubén Baldemar fluctúa entre lo obsceno de las miserias humanas y las referencias a la infancia. En El hospital de los inocentes (2000) los tintes que rememoran la imagen de la divinidad de la Edad Media se contraponen al uso de materiales kitsch. Asimismo, las conexiones entabladas entre el arriba y el abajo, connotaciones de cielo y tierra, continúan la modalidad de la cita, que también tiene cabida en cierta impronta barroca.

“Dorados y azules, aquella alianza de lo humano y lo divino está atravesada por sondas. Si el dolor tiene un color es el rojo, y si tiene una consistencia es la del imprevisible líquido. La sangre al límite del fluir o derramarse. Un sistema falaz que emerge al borde de la construcción. El enunciado es equívoco. La inocencia como materia prima del horror o de la redención, ángeles presos en un sistema infernal hecho de cielos.” (1)

La producción de Baldemar oscila entre lo visible y el engaño. Señal de esto es la utilización del trompe| l’oeil. También suele emplear el collage, e incorpora elementos de la historia del arte. De este modo, su obra aporta otros problemas al campo de la pintura contemporánea.