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Finalizando los `80, deriva en reflexiones en torno a La Patagonia, el campo, los artistas viajeros, llegando a reelaborar algunas obras de Molina Campos y Beckman. Dama criolla y yesqueros (1989/1992) se ubica dentro de este contexto.

El binomio naturaleza-cultura de sus primeras producciones es retomado pero desde otro lugar, destacando el origen natural del hombre. Esta obra refleja su permanente remisión hacia un pasado, no solamente artístico sino también histórico.