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El  tema  de Cabeza de moro se  relaciona con estos temas exóticos todavía frecuentes  entre  los  pintores  de
fines de siglo XIX, pero debería además comprenderse en el marco de un homenaje a la pintura orientalista de Mariano Fortuny que influyó notablemente a los artistas españoles de su época e incitó al viaje a quienes buscaban otros motivos y paisajes para pintar. Esta obra llegó a la colección del Museo Municipal de Bellas Artes en 1925 gracias al legado Carlés

Benlliure realizó dos viajes al norte de Africa y se introdujo en los asuntos de la vida cotidiana marroquí que trató en su trabajo, como la enseñanza del Corán, la intimidad familiar,  los  zocos  y  los  hombres  fumando  y  conversando a la usanza mora.  La fecha de uno de sus viajes coincide con la del dibujo que nos ocupa, pero el artista aclara “Roma” debajo de su firma y de la dedicatoria a Carlos Carlés. No se trata de una copia del natural, sino de un estudio posterior, un recuerdo de su viaje. Con un trazo firme y enérgico y una técnica rápida resuelve las características de la vestimenta de la figura de perfil y las superposiciones del atuendo, prestando especial atención a la definición de los rasgos moros del retratado.