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La instalación deriva de un excepcional encuentro que la artista experimenta con objetos del ámbito de lo cotidiano. En esta obra, dicho momento, toma consistencia cuando la mirada de Tellería se instala sobre una lámpara de caireles con forma de barco exhibida en una casa de venta de iluminación. Situación casual, que sirve a la autora, para la construcción de un relato asentado sobre la historia trágica de dos objetos diferenciados: una lámpara de caireles y lámparas incandescentes junto a una estructura realizada con chapitas de gaseosa y lámparas de bajo consumo.
La aparente imposibilidad sugerida en Cuando juntos nos queda lejos se opone a la proximidad del emplazamiento de los objetos flotando en el aire. El uso de la metáfora en la propuesta de Tellería instituye un campo factible de especulación, asociado a su producción poética, donde el lugar común, el acercamiento y las diferencias suscitadas en su materialidad hacen repensar sobre la situación de coexistencia trasladable al contexto cultural contemporáneo.