Colección Castagnino+macro

Desde 1958 sus trabajos ya presentan rasgos de la corriente metafísica traducidos en el clima de extrañeza dado por los paisajes y las construcciones irreales pintados. Desde entonces, el artista desarrolló un lenguaje basado en formas contundentes, cuya disposición vacilante entre un estado de quietud absoluta y la sensación de abismo incesante manifiesta un gran caudal poético al mismo tiempo que muestra su tendencia a la geometría.

En este contexto se halla la obra de la colección castagnino+macro que pertenece a un período de producción desarrollado en los años 90. Luego de una serie de arlequines y de su incursión por la serigrafía, la ironía de los títulos cede el paso a la insistencia en otros rasgos. Sus obras se tornaron más herméticas y despojadas en las que el artista ensayó un repertorio iconográfico a partir de torres y monumentos envueltos en atmosferas surreales, empleando una geometría más acentuada donde profundizó las relaciones entre los tintes y en el juego figura- fondo. Tal es el caso de Torre, entidad ambigua dada su precisión formal.