Imagen no disponible.

En los primeros años de 2000, Gómez inició un período de producción forjado en aquellos planteos de corte experimental que involucran la investigación desde distintos aspectos. Desarrollos atravesados por el uso poético de los lenguajes.

En este contexto se encuentra Entre el anochecer y la mañanita que integra la colección Castagnino+macro. Una obra cuya génesis se halla en la reconocida serie La vida de un día de Fernando Fader. Conjunto referencial, también perteneciente a dicho patrimonio, que fiel a los intereses impresionistas, plasmó un mismo paisaje que se transforma bajo los efectos lumínicos en las diferentes horas de un día. La mañanita, La mañana, Mediodía, La nube blanca, La tarde, La puesta de sol, Crepúsculo y Anochecer son las ocho piezas que componen el corpus.

Tomando la última y la primera de estas pinturas, Gómez plantea la hipótesis del paisaje perdido entre la llegada de la noche y la alborada.

Dibujos, textos, papeles, libros, diarios de investigaciones y una sentida carta dirigida a la institución, a modo de homenaje a Fader, se despliegan sobre una mesa frente a ambas piezas, bajo la tenue luz de un velador. Escena que recrea poéticamente la atmósfera de atelier, donde Gómez trascurriera sus días intentando reconstruir una y otra vez aquel supuesto paisaje entre “la nochecitay el amanecer.”

Esta obra que de algún modo, como dice su autora, se presenta como subsidiaria de la obra de Fader, planteando una relación simbiótica –aunque temporaria– no sólo con las pinturas de este representante local del impresionismo sino además con todo el patrimonio del museo.