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En las indagaciones que lleva a cabo sobre el género que practica y los materiales que emplea, en 2000, y a partir de la necesidad de un soporte rígido ya hecho y de grandes dimensiones, el autor encontró en la chapa la superficie fetiche para la representación del repertorio de formas que compone su imaginario y en el esmalte industrial, su consecuencia inevitable.

Contundentes, nítidas, brillantes, pero opacas en cuanto a su sentido, sus imágenes se presentan engañosamente familiares. En ellas abunda la naturaleza desbordada: la nieve cubriendo el mundo, la vegetación descontrolada del amazonas, la lava fluyendo de volcanes en ignición, los detalles ampliados hasta ser necesario alejarse para recuperar la forma.”1Catedral pertenece a estos desarrollos. De colores vibrantes, esta imagen de reminiscencias fantásticas, se juega entre la mímesis y lo tautológico. Precisamente, en esa tensión irresuelta radica la relevancia del quehacer como artista de Salamanco.

Asimismo, esta propuesta encuentra su antecedente en aquellas pinturas realizadas sobre carteles de venta inmobiliaria que proliferaron en Argentina durante la crisis económica y social en 2001. Allí, según, Justo Pastor Mellado el artista ensayó una especie de “pintura de la negación” al intentar tapar con sus imágenes esa tipografía punitiva al mismo tiempo que la memoria del material con sus marcas e inscripciones dejaba las huellas de ese momento de explosión política.

 

 

1Revista virtual Bazar americano, año XI, Nº 59, noviembre-diciembre 2016.