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Para Gómez Canle, la pintura no se reduce sólo a una imagen en el plano. Relieves, texturas, marcos y dimensiones se presentan como elementos relevantes que exaltan su condición material convirtiendo al cuadro en un objeto. Este carácter objetual es reforzado por el artista a través del uso diferencial en los formatos, las intervenciones, incisiones e incrustaciones realizadas en los lienzos.

El marco interior se inscribe en estos planteos y, en este contexto, opera como un claro ejemplo del habitual entrecruzamiento que el autor lleva a cabo entre estilos y técnicas. Así los paisajes renacentistas, entre otros períodos clásicos, se mezclan con las atmósferas cargadas de extrañeza y ciertos postulados geométricos de los años 40, en Argentina. El óleo y la madera se unen a las herramientas digitales para recrear escenas bucólicas de Veronese, Brueghel, Friedrich a partir de conceptos desarrollados por el concretismo, Raúl Lozza y el grupo MADÍ.