Alfredo Guido, Coro de los labradores, 1927, óleo sobre tela, 190 x 646 cm. Donación José Boglione y Sra., 1940

Guido plasmó en esa tela un grupo de trabajadores del campo que marchan azorados por las inequidades y la dureza de su existencia, doblegados por las bolsas de cereal, cargando sus hijos y los instrumentos de labranza; pero también cantando y elevando la mirada al cielo como mártires a la espera de redención, una sugestión cristiana acentuada con las palomas blancas en vuelo que contrastan con la oscuridad del fondo. Se valió entonces de un realismo dramático y teatral que dejó de lado toda referencia a los campos arados y a las llanuras de sus paisajes anteriores, y lo intersectó con un espiritualismo de procedencia decimonónica que cultivó largamente en su obra.

Inspirada en la huelga de 1912, recordada como el Grito de Alcorta, y en los conflictos sucesivos, tiene su génesis en dibujos previos que ilustraron un himno agrario escrito por Lemmerich Muñoz y publicados en 1924 por La Revista de “El Círculo”; también presentados ese año en el VII Salón de Otoño de Rosario. Ya en 1927 y a propósito de los quince años de la rebelión de Alcorta, el periódico La Tierra de Federación Agraria publicó un artículo con un dibujo de Guido, Latifundium, en el que un grupo de agricultores dispuestos frontalmente lucha contra el monstruo latifundista que acecha; una escena idéntica es la que organiza un óleo del mismo título y fecha. Esa obra, además de una versión pictórica más pequeña, quizás preparatoria de Coro de los labradores, y de una pintura destinada a afiche publicitario de La Tierra son patrimonio de la Federación Agraria de la ciudad y constituyen, junto al gran panel del Museo Castagnino, una familia de composiciones centradas en la representación de los chacareros del sur santafesino.