Colección Castagnino+macro

Alfredo Guttero viajó a Paris en 1904 y estudió con Maurice Denis antes de la guerra. En 1910 participó de la Exposición del Centenario y en el Salón de Paris. Vivió en Europa hasta 1927, donde mantuvo estrecha relación con los artistas argentinos que residían en Paris. Poco tiempo después de su llegada, intervino como jurado en el Salón de Rosario de 1929. Ese mismo año organizó el Nuevo Salón, en el que expusieron los integrantes la de la nueva generación de artistas modernos: Xul Solar, Emilio Petorutti, Pedro Figari, Juan del Prete, Miguel Carlos Victorica, Lino Eneas Spilimbergo, Horacio Butler y Hector Basaldúa, entre otros. En 1932 organizó junto a Raquel Forner y a Alfredo Bigatti los Cursos Libres de Artes Plásticas.
Hasta su muerte utilizó la técnica del yeso cocido, vinculada a su interés por la pintura mural.
El Retrato del pintor Victorica fue canjeado por su obra Composición, que había recibido el Primer Premio de Pintura en el Salón de Rosario de 1928 y corresponde al conjunto de obras que Payró supo definir como arte monumental. Guttero interpreta las imágenes con una concepción escultórica, rígida y de volúmenes potentes que acentúa con el claroscuro, como cincelando los planos de color que forman la figura del pintor. Sitúa la figura de Victorica en el taller junto a los atributos del pintor -paleta y pinceles- y la ubica delante de un cuadro -¿una ventana, una pintura? - en la que se observan techos y mástiles de barcos, tal vez una vista del paisaje del agitado barrio de La Boca en el Victorica vivía y tenía su estudio. El paisaje y el retratado han sido petrificados en la síntesis compositiva creada por Guttero y logra detener un instante en el taller boquense en épocas de la vorágine modernista de los años 20. 

María de la Paz López Carvajal