Colección Castagnino+macro - De la serie “La vida de un día”

Hijo del ingeniero naval alemán Carlos Fader , su infancia transcurrió en Mendoza. En 1888 inició su escolaridad en Francia y en 1892, la continuó en el Liceo Palatinado del Rhin, en Alemania. Seis años después regresó a la Argentina y colaboró con su padre como dibujante -ya conciente de su vocación artística-, etapa en la que realizó dibujos a lápiz y acuarelas de vistas mendocinas. En 1900 viajó a Europa, estudió a los grandes maestros y en 1901 se instaló en Munich, donde asistió a los cursos de la Escuela de Artes y Oficios y a la Academia de Bellas Artes. Allí fue discípulo de Heinrich Von Zugel. Sus estudios culminaron con la obtención de una Medalla de Plata de la Academia por su pintura La comida de los cerdos, hoy en la colección del Museo Nacional de Bellas Artes. En 1906 realizó su segunda exposición de pinturas de paisajes en el Salón Costa de Buenos Aires. La presencia del presidente de la Nación, Dr. José Figueroa Alcorta y la crítica de Cupertino Del Campo en el diario La Nación, lo consagraron como el pintor argentino del momento.

En los años 1907 y 1908, participó en las tres muestras del Grupo Nexus , sumándose a la aspiración fundar un arte genuinamente nacional. En 1907, Fader pronunció la conferencia Posibilidades de un arte nacional y sus probables caracteres en la Sociedad Científica Alemana, en la que invitaba a los artistas argentinos a ver la Patria y a registrar sus paisajes : “[...]Yo no tengo necesidad de decirles qué es lo que tienen que pintar, solamente abrid vuestros ojos y ved vuestra Patria. Ese yo lo llamo gran arte. Sed tan fuertes que vuestras obras representen sólo aquello que puede ser vuestra Patria: eso es arte” [...] “Las raíces y nuestra fuerza están en cultivar lo propio” [...]
En 1914, tras la quiebra de la empresa familiar se instaló en Buenos Aires junto a su mujer y sus hijos. Ese mismo año obtuvo el Primer Premio de Pintura en el IV Salón Nacional por la obra Mantones de Manila -rechazado por el artista por el bajo precio con que la obra fue tasada- y fue nombrado titular de la Cátedra de Paisaje instituida por la Academia Nacional de Bellas Artes. Al año siguiente participó en la Exposición Internacional en San Francisco, California, en la que consiguió una medalla de oro, y en Doce pintores argentinos en la galería de Federico Muller, que se convertiría en su marchand. Siguiendo el consejo de su médico luego del diagnóstico de tuberculosis, Fader se radicó en Córdoba en enero de 1916 junto a su familia en Ojo de Agua de San Clemente, luego en Las Peñas y más tarde en Loza Corral, cerca de Ischilín, casa en la que se instaló definitivamente desde 1919.
Fader se había transformado en uno de los artistas más apreciados y reconocidos del país y sus muestras individuales, inauguradas año tras año en el mes de septiembre (en el mismo mes de la exhibición del Salón Primavera, el Salón Nacional de Bellas Artes) se convirtieron en uno de los acontecimientos más importantes de la temporada artística en Buenos Aires. En 1924 realizó su primera retrospectiva en la recién inaugurada Amigos del Arte. Aunque su salud empeoraba, siguió con sus campañas por las sierras y en 1931 realizó su último viaje, en el cual llegó hasta Guasapampa.
En 1932, se realizó una Muestra Homenaje por sus 50 años en los salones de la Comisión Nacional de Bellas Artes (se presentaron 119 obras realizadas entre 1904 y 1930), cuando Fader ya no podía trasladarse ni usar sus pinceles o escribir. No pudo asistir por su enfermedad y finalmente murió en Loza Corral el 25 de febrero de 1935.

La figura de Fernando Fader ha estado ligada a la historia del museo Castagnino+Macro desde sus comienzos. En la actualidad existen en el acervo veinte pinturas de su firma que dan cuenta de su trayectoria artística, de los conceptos estéticos desarrollados a lo largo de su vida y de la historia misma de la institución.
La vida de un día fue adquirida en 1918 por la Comisión Municipal de Bellas Artes en la galería Muller. Un acta de reunión de la Comisión firmada por Fermín Lejarza, Antonio Cafferata, Augusto Flondrois, Magín Anglada y Emilio Ortiz Grognet expresa la intención de comprar la serie para el futuro museo, destacando su carácter educativo . También se menciona que la propuesta fue bien aceptada, por lo que se solicitó al galerista el envío de los cuadros a Rosario para poder verlos y evaluar la decisión a tomar. En enero de 1918, Muller envió los cuadros a la sede de la Comisión y previo "examen y apreciación de la obra" , se decidió la adquisición, ya que "sus méritos se reconocen con unánime ponderación" . Este hecho, revela la importancia de Fader como artista nacional en las primeras décadas del siglo: la Comisión Municipal de Bellas Artes había elegido comprar obra de un pintor vivo para el futuro museo que recién abriría sus puertas en 1920. Fader se había convertido en vida en una figura emblemática que sostenía su obra en la búsqueda del arte nacional, sostenido por un proyecto teórico propio.

La interpretación que Fader realiza del paisaje serrano expresa inquietudes románticas y líricas. El paisaje como género simbolizaba para él un estado del alma : pintó su emoción frente al paisaje y su imagen constituye una traducción poética en clave de color, luz y composición. Su obra, en especial los paisajes, tipos y costumbres, se caracterizó por una belleza ideal cargada de sentido ético, en estrecha relación con su inquietud por sentar las bases de la identidad nacional . En 1921, Ricardo Rojas publicó Eurindia y desde su texto llamaba a vigorizar la argentinidad. Ubicó a Fader junto a Jorge Bermúdez y Bernaldo Cesáreo de Quirós en el núcleo de la escuela eurindiana, valorado por sus temas y por la conciencia doctrinaria de su misión estética .
Es en el paisaje que Fader encuentra la peculiaridad de nuestra tierra, considerándolo indisoluble de la idea de país . Bajo la influencia del impresionismo, derivó hacia una visión luminarista del ambiente. Las telas de su período cordobés fueron resueltas con pinceladas cortas empastadas, algunas veces con una técnica sumamente minuciosa de pequeños toques de pincel y espátula y con colores saturados, puros, vibrantes y luminosos, dispuestos en gamas rosadas, azules y lilas, que a veces neutralizados por el gris, enfatizan la representación de la atmósfera. Esta etapa fue su momento de mayor libertad expresiva y los paisajes de la colección del Museo Castagnino constituyen excelentes ejemplos de este período.
Instalado con su familia en Ojo de Agua de San Clemente -que como explica él mismo a Federico Muller en una carta, se trataba del nombre de la propiedad donde vivía, no de la localidad homónima-, preparó la primera muestra para la Galería Muller, de paisajes a plain air. El estanque y la serie La vida de un día formaron parte del conjunto expuesto en esa oportunidad. Muller le proporcionaba desde Buenos Aires lo necesario no sólo para su subsistencia sino todos los materiales para su pintura. A través de la correspondencia entre el marchand y el pintor, conocemos los materiales que elegía para su tarea . En la autobiografía publicada en Caras y Caretas en marzo de 1917, el artista describe el lugar donde pintó la serie: “Mis casas son ranchos blancos, que a la hora del crepúsculo recogen los últimos rayos de luz para irradiarlos luego del modo más fantástico [...] En la larga paja de sus techos juega el viento como con la cabellera de una mujer querida [...] Mi taller luce un piso de tierra y en la chimenea arden de noche troncos de coco y quebracho”.
El conjunto de ocho telas representa versiones del mismo paisaje en diferentes momentos del día. Fader había adoptado el ejemplo de las series de Monet, pero con una intención personal y subjetiva: pintó los paisajes en los momentos en que éstos lo cautivaron, entre la Mañanita y el Anochecer. Planteó su obra en base al registro de los cambios producidos por la luz del día, que le interesaron como variación de tonos en el paisaje . Los sectores más trabajados son las sierras, el cielo y el amplio primer plano vacío, en el que aparece eventualmente la sombra de su caballete, huella de la obra en la obra. La composición de cada pintura se apoya en la nitidez del rancho, nubes y sierras y varía en algunos casos según la ubicación del pintor. Esta, es la única serie unitaria y cerrada por sí misma pintada por Fader.

Ref:
Catálogo Homenaje a Fernando Fader, Rosario, Comisión Municipal de Bellas Artes,1935.
Catálogo La vida de un día, Rosario, Museo Castagnino, 1988. Prólogo de Rubén Echague.
Catálogo Fernando Fader, Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes, 1988
Catálogo Exposición Homenaje. Fernando Fader, Córdoba, Museo de Bellas Artes de Córdoba, 1942.
Catálogo Fader, Museo Castagnino, 2001
Exposiciones:
Homenaje a Fernando Fader, Buenos Aires, Dirección Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, 1932
Fernando Fader, Rosario, Comisión Municipal de Bellas Artes, 1932
Exposición Homenaje a Fernando Fader, Rosario, Comisión Municipal de Bellas Artes,1935.
Fernando Fader, Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes, 1988.
Fernando Fader, (organizada por Amigos de Córdoba) Córdoba, Museo de Bellas Artes de Córdoba, 1942
Fader, Museo Castagnino, 2001
Detrás del cuadro, Rosario, Museo Castagnino, 2003.
Entrecentenarios, Museo Castagnino+Macro, 2010
Avatares de una Colección, Museo Castagnino+Macro, 2014

Bibliografía

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Prins, Enrique “Fernando Fader”, en Plus Ultra, Buenos Aires, abril de 1917.
Fernando Fader, Rosario, Museo Castagnino, 1942.
Fernando Fader, Buenos Aires, MNBA, 1988.
Homenaje a Fernando Fader, Rosario, Comisión Municipal de Bellas Artes, 1935.
Echague, Rubén, La vida de un día, Rosario, Museo Castagnino, 1988.
Fernando Fader , Buenos Aires, Dirección Nacional de Bellas Artes, 1932
Exposición Fernando Fader, Rosario, Comisión Municipal de Bellas Artes, 1932

María de la Paz López Carvajal

 

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