Colección Castagnino+macro - Facsímil del artículo publicado en: La Semana, Buenos Aires, año VI, nº 314, 16/12/1982




Peralta Ramos, Federico Manuel

Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, 1939
Buenos Aires, 30 de agosto de 1992

El mayor de seis hermanos, Federico Manuel Peralta Ramos nace el 29 de enero de 1939, en Mar del Plata, ciudad fundada por su tatarabuelo.
Artista plástico, cantor, filósofo, poeta, actor y show-man, entre otras actividades desarrolladas que lo llevarán a convertirse en un conocido personaje porteño.
Luego de culminar los estudios secundarios en su ciudad natal continúa con la tradición familiar y cursa Arquitectura en la Universidad Nacional de Buenos Aires, carrera que abandona a fin de dedicarse al arte de modo autodidacta.

En 1960 Peralta Ramos concreta exitosamente su primera muestra individual en la Galería Rubbers después de realizar varios viajes por el país y por Latinoamérica. Allí presenta un conjunto de pinturas próximas a la abstracción lírica, donde las manchas de color intervenidas de modo arbitrario remiten a formas del mundo vegetal.
No obstante, desde entonces sus obras abandonan el carácter barroco, tornándose en ascéticos trabajos monocromáticos en los que el artista incorpora tridimensionalidad a través de la aplicación de material pictórico sobre la superficie, recurso estético que se torna protagonista en sus creaciones.
Sin embargo, la muestra realizada en la galería Witcomb en 1964 representa un punto de inflexión en la obra del artista. Debido a las colosales dimensiones, sus pinturas deben ser serruchadas y, por lo tanto, apoyadas contra las paredes. Situación que lleva al deslizamiento de las inmensas masas de pintura hacia el piso, formando nuevas composiciones.
En este hecho se hacen presentes ciertas estrategias y elementos que caracterizarán su posterior producción, tales como: el azar, la desacralización de la obra de arte y el humor.

En 1965, ya con un lugar ganado en la plástica local, el artista es invitado para participar en el Premio Nacional Instituto Di Tella, donde lleva a cabo una de sus obras más conocidas y comentadas: Nosotros afuera, cuyos registros fotográficos y textos facsímiles se encuentran el la colección de arte contemporáneo del Museo Castagnino + Macro de Rosario.
Por entonces integran esta propuesta una pintura que cubre toda la pared, un obelisco, y un huevo de 260 x 450 cm construido in situ con material desplegado y yeso, el cual se resquebraja y descascara a medida que los días transcurren frente a un público estupefacto que se pregunta sobre la existencia del enigmático oviforme que, finalmente, es destruido por su autor para poder ser retirado del establecimiento.

Avalado por el arquitecto Clorindo Testa, Peralta Ramos obtiene, en 1968, la Beca Guggenheim en la Sección Pintura. Consecuentemente, con el primer envío de dinero el artista organiza una cena para sus allegados más íntimos en el lujoso Hotel Alvear.
Dos cartas dirigidas a Mr. James Mathias de la John Simon Guggenheim Foundation
–cuyos facsímiles integran la colección del Museo Castagnino + Macro - son las que el artista escribe para dar cuenta de este hecho y de otros posteriores.
En la primera de ellas, fechada el 14 de junio de 1971, declara: “…en vez de pintar una comida, di una comida”. Asimismo, informa que el dinero restante de la Beca ha sido empleado en la compra de trajes, pago de deudas, compra de pinturas que regala a amigos y familiares, entre otros.
La segunda carta –con fecha de 12 de julio de 1971- la escribe como respuesta ante el asombro negativo de la Fundación, que pide se le devuelva su dinero. Allí el artista se niega a ello ya que ese acto significaría ir en contra de sus principios.
Estas acciones de Peralta Ramos encuentran su justificación en su fuerte convicción acerca del fin de la contemplación estética, y de la desintegración del arte en la vida cotidiana.
Asimismo, el hecho marca la culminación de su período pictórico para dar paso a una nueva etapa de producción, donde las estrategias conceptuales son las utilizadas para intervenir en el campo artístico.
Entrando en los años 70, el artista privilegia la idea por sobre la concreción de la obra, y sustituye el objeto estético por el discurso en reiteradas ocasiones.
Ejemplos respectivos de ello son un libro no publicado de secciones inverosímiles; y Cuidado con la pintura, exhibición de 1971 que se convierte en el puntapié de una serie de obras donde Peralta Ramos privilegia el uso de la escritura. Todavía insisto (oración-bandea), patrimonio del Museo Castagnino + Macro, queda inscripta en este contexto, en el que sobre tela o papel, el artista plasma una propia y clara visión sobre la realidad social y el arte.
No obstante su gesto más audaz se manifiesta en la muestra El objeto es el sujeto, llevada a cabo en el CAYC por invitación de Jorge Glusberg. Allí expone la obra rechazada ese año en el Salón Nacional: él mismo se presenta como obra de arte acompañado por la leyenda Voy a venir de visita pintada en un papel de 10 metros.
Desde entonces Peralta Ramos se dedica a vivir en arte, donde el artista se transforma en el mismo objeto artístico.

Todos estos gestos, acciones y actitudes signan la producción del artista a lo largo de de esos años. Sin embargo, en la década del 80 atrás han quedado ya las épocas de denuncia y rebelión pero no por ello Peralta Ramos deja de ser un hábil lector de su contemporaneidad. Por el contrario, con el nuevo decenio ha llegado el momento de continuar sin repetirse.
Exhibe una serie de dibujos mínimos en 1981, en la Galería Arte Múltiple; idea la primera muestra El arte en la gastronomía; y un año más tarde presenta La salita del Gordo en el Centro Cultural Recoleta, donde el artista se sienta a dialogar con quien pasara a visitarlo.
La última muestra individual es llevada a cabo en la Galería Altos de Sarmiento, en 1989, donde se expone a sí mismo durante quince días en un salón vacío pintado de blanco.

Paralelamente a su producción plástica y de un modo indisoluble, Peralta Ramos se desarrolla en otras disciplinas artísticas: canta y realiza pequeñas acciones en locales nocturnos donde es habitué; y trabaja en el Programa televisivo Tato siempre en domingo, conducido por el humorista Tato Bores, a quien conoce a través de su amigo Ernesto Deira. Allí recita poemas y canta sus canciones no figurativas, de extrañísimos nombres. Con éstas últimas participa en unas sesiones realizadas en el Teatro Payró, organizadas por el DJ Edgardo Suárez, grabando su primer y único disco con dos temas de su autoría.
También hacia fines de la década del 60 crea una religión: la gánica. Ser gánico apela a hacer siempre lo que uno tiene ganas de hacer. Así lo demuestran los 23 mandamientos publicados por el artista y repartido entre sus amistades, cuyo facsímil forma parte de la colección Castagnino + Macro.

En los 80, además de continuar junto con Tato Bores en televisión, realiza shows propios, exhibiendo su carisma y dotes de monologuista; y participa en los films del cineasta argentino Alejandro Agresti: El hombre que ganó la razón; y El amor es una mujer gorda, en 1984 y 1988, respectivamente.
Asimismo, escribe artículos para la revista La Semana de Buenos Aires. Reclamo de supervivencia (merengue) de 1982; Polleras (foxtrot); y La fuerza de estas tierras (chacareras) -ambos de 1983- son algunos de ellos, cuyos facsímiles forman parte de la colección contemporánea del Museo Castagnino + Macro. Allí, Federico Manuel Preralta Ramos plasma con humor, lucidez y creatividad, tanto vivencias y anécdotas personales como su idea y visión acerca de diversos temas tales como las mujeres, la creación del universo y el arte.
Muere el 30 de agosto de 1992, a los 53 años de edad.




Otras obras