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Su formación napolitana lo había iniciado en una pintura paisajista que evocaba el aire y la luz sin alejarse de la descripción. Durante su prolongada estadía en Paris pintó escenas de la ciudad, entre ellas Una avenida, que ingresó a la colección del museo en 1925 gracias al legado Carlés.

En esta tela de pequeño formato se percibe la influencia de la pintura francesa: la espontaneidad de la pincelada y los empastes definen la perspectiva de la avenida Champs Elyseés con el Arco de Triunfo en el último plano a la manera de las vistas de los pintores franceses contemporáneos, animada por la evocación del dinamismo de la vida cotidiana. En una composición de verdes azulados destaca acentos de azules, amarillos y rojos y enfatiza el perfil del Arco de Triunfo con contrastes, creando una atmósfera moderna estrechamente vinculada a los postulados impresionistas.