Grela, Juan

Chacras del Norte, provincia de Tucumán, 1914
Rosario, provincia de Santa Fe, 1992

Artista de formación autodidacta. Insoslayable para el estudio del arte argentino y el desarrollo del campo artístico de Rosario. Integró la Mutualidad Popular de Artistas Plásticos liderada por Antonio Berni en los años 30 y el Grupo Litoral en la década del 50, dos de los colectivos más significativos de la ciudad. Su prolífera producción, signada por su compromiso tanto estético como político, se encuentra atravesada por sus continuas reflexiones sobre la forma, el tema y las posibilidades del color. Además de ser reconocido por su obra fue meritoria la tarea de enseñanza que Grela llevó adelante, formando en su taller a varias generaciones de artistas.

Llegó a Rosario con su familia en 1925. Su condición social lo llevó a trabajar desde pequeño, llegando a cursar el tercer grado de la escuela primaria. Logró ser oficial de peluquero, profesión que más tarde le permitió ganarse la vida. Sin embargo, esas condiciones adversas no lo alejaron de su pasión por la pintura.

Afiliado ya al Partido Comunista Popular, en 1932 comenzó a tomar clases gratuitas de dibujo con modelo vivo en el Museo Municipal de Bellas Artes de Rosario. Allí conoció a Antonio Berni. Con él y otros jóvenes artistas vinculados a las ideas de izquierda, Grela formó parte de la agrupación Refugio. Germen de la Mutualidad Popular de Estudiantes y Artistas Plásticos constituida en 1934. El compromiso político de sus miembros conjugado con una selección de códigos de la vanguardia artística dieron nacimiento al Nuevo Realismo. Un lenguaje que posicionó a Rosario como un importante foco de producción artístico-política.

Con la disolución de la Mutualidad hacia 1936 Grela se alejó de la escena pública y fundó un año más tarde con sus viejos pintores amigos la Agrupación Arte Nuevo zona Norte, llevando a cabo importantes actividades en el barrio donde creció. Sin embargo, desde 1938 su participación en salones fue ininterrumpida. Continuó sus ensayos artísticos tomando a su esposa Aid Herrera –gran impulso en su carrera– y a los objetos del entorno doméstico como modelos de sus representaciones. Un compendio sobre realismo mágico de Franz Roth y las cartas entre Theo y Vincent Van Gogh –que más tarde le permitió abordar las problemáticas del color– conformaron su material de estudio.

A pesar de haber logrado concretar su primera muestra individual en el Museo de Bellas Artes J. B. Castagnino de Rosario en 1942, la década del 40 fue de transición para el artista y para el campo artístico local en el marco de un clima político tenso que culminó con el segundo gobierno de facto en 1943. Las vínculos que Grela estableció entonces con otros artistas se caracterizaron más por el accionar político que estético. En este sentido, integró la Agrupación de Artistas Plásticos Independientes en 1942 y Plásticos Democráticos en 1946. También desarrolló la maternidad como tema desde el nacimiento de su hijo Dante en 1941 y encontró en el “Tratado del Paisaje” de André Lothe nuevas líneas de investigación. Indagó las técnicas xilográficas a partir de los consejos de José Planas Casas e incursionó en el mundo del grabado en chapa, leyendo el libro Grabado (historia y técnica) del artista rosarino Gustavo Cochet. Este interés lo llevó a ser miembro de de la Agrupación de Grabadores de Rosario en 1952.

Los años 50 mantuvieron ocupado a Grela con las actividades realizadas en el marco del Grupo Litoral (1949-1958). Pese a la diversidad de estilos de sus miembros, cada producción individual reflejó cierta unidad temática posible de vislumbrar en las imágenes litoraleñas que, lejos del pintoresquismo, plasmaron una realidad autóctona con lenguajes modernos. En ese marco, hacia 1946 Grela había encontrado en determinados tipos sociales locales nuevos referentes para sus obras. Desde entonces, la figuración monumental –influencia berniana– comenzó a desvanecerse paulatinamente. Litoral fue la primera agrupación rosarina con amplia aceptación nacional y esta visibilidad le permitió a Grela concretar en 1958 su primera exposición individual en la galería Van Riel de Buenos Aires.

En los primeros años de la década del 60 las obras del artista mostraron un avance hacia la simplificación formal. Un proceso iniciado a mediados de los 50 a partir de la lectura “Universalismo Constructivo” del pintor Joaquín Torres García. En este libro el maestro uruguayo desplegó una teoría filosófica y espiritual para la realización de un arte constructivo y universal basado en la síntesis entre estructura y figuración, donde la mirada a las culturas indoamericanas resultó fundamental. En este sentido, “Silabario de la decoración americana” de Ricardo Rojas fue también una clara referencia. Para entonces, Grela comenzó a vivir únicamente de la pintura y en 1961 llevó a cabo en su taller, la primera exposición de sus alumnos. Producto de la importante labor de enseñanza que inició en 1959. Una experiencia de carácter libre y modernizador que desarrolló con cierta continuidad por diez años y que convirtió ese espacio en uno de los centros de formación más relevantes por fuera de los circuitos oficiales. Por allí pasaron jóvenes artistas que en poco tiempo se convertirían en los representantes de la vanguardia estética y política. También en su atelier Grela abrió la galería El taller dirigida por su esposa en 1964.

Además en 1970 Grela inició una importante labor docente en Buenos Aires que desarrolló durante tres años, dictando de modo informal clases teórico-prácticas de composición, dibujo y pintura a un grupo de profesionales. En ese momento sus obras comenzaron a transitar un proceso de descompresión formal y de gravitación de las figuras. A pesar del referente mimético que aún era posible reconocer, el camino iniciado llevó una mayor abstracción con el correr de los años. La intervención del azar, el automatismo y el clima onírico de sus representaciones reflejaron el acercamiento del artista a las premisas del Surrealismo. Producciones que guardaron la huella de aquellos temarios de la etapa del litoral. Ya en la década del 80 Grela se asentó definitivamente en la no figuración, donde el collage operó como técnica estética y modelo de construcción. Planteo que puede visualizarse en las diversas líneas de trabajo que desarrolló, tales como en pintura, madera y construcciones tridimensionales. Además, en los primeros años del decenio retomó las actividades de enseñanza en su taller hasta su muerte. Entre sus múltiples reconocimientos, cabe destacar: Premio Jockey Club II, Salón Anual de Artistas Rosarinos, 1939; Premio Adquisición Intervención Nacional de la Provincia de Santa Fe, XXIII Salón de Rosario 1944; Premio Adquisición Cámara de Diputados de la Provincia, XXIV Salón Anual de Santa Fe 1948; Premio Adquisición Ministerio de Justicia, XLI Salón Nacional de Bellas Artes, 1951; Premio Franz Van Riel, XXXIX Salón Sociedad de Acuarelistas y Grabadores, 1957; Premio Emilio Pettoruti, Fondo Nacional de las Artes, 1982 y Premio Rosario, Fundación Castagnino, 1986. También fue invitado a participar en diversas ediciones del Premio Palanza desde 1968 y en 1992 la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos le otorgó la distinción Novilísima Orden de la Chaveta por su aporte a la cultura. Luego de su fallecimiento, en 1993 fue homenajeado con el Premio Juan de Garay, instituido por la Secretaría de Cultura de la Provincia y en 1996 los concejales rosarinos Raúl Lamberto y Sergio Liberati presentaron un proyecto de ordenanza, solicitando que una plazoleta del barrio de Alberdi lleve el nombre de Juan Grela Guerrero. En 2007 el Museo Castagnino organizó la muestra “Homenaje a Juan Grela” recorrió con un vasto cuerpo de obras las diferentes etapas de producción del artista.



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