Sede Macro
Del 16.11.10 al 21.12.10

El banquete telemático de la pintura

Federico Klemm o los agenciamientos míticos

Curaduría: Echen, Roberto

El banquete telemático de la pintura

Trabajar Klemm desde ese espacio con el que se identifica la propuesta macro1, de reconocimiento a artistas y obras que son resistidas o prejuiciadas, que han sido evitadas en su momento y que -por lo menos en el caso Klemm-todavía no resultan favorecidas o -al menos-incorporadas plenamente a los discursos habituales del arte, situándose en lugares límite, en bordes difíciles de abordar.

Klemm sobre todo. Mito mass-mediático colocado entre la veneración y el escarnio, la risa y el deseo (mayormente inconfeso).

Personaje, sí.

El conocimiento pasa mayormente por su personaje. No sé si es correcto decir "su” en este caso, ya que el posesivo podría invertirse para postular que todo él estuvo atravesado -tal vez sin resquicio-por el personaje. Entonces, se hace difícil situar relaciones de primacía, pertenencia o anterioridad y, mucho menos, originariedad.

Como ocurre con otro gran artista argentino -y con quien comparte no sólo el momento, sino algunos espacios comunes-, su homónimo, Federico Peralta Ramos, los media -sobre todo, por supuesto, la televisión-le dieron un lugar entre mítico y folclórico2 que aceptó e -incluso-procuró de muy buen grado, porque el saber lo contemporáneo (captación-percepción que seguramente heredó fraternalmente de otro personaje que él hizo cuerpo, proponiéndose a sí mismo como espacio de la representación) sería -sin duda-uno de los modos de definir a Klemm.

El mundo que transita la obra de Federico Klemm (me refiero ahora explícitamente a esa obra que podríamos denominar pictórica) está constituido por una serie de desplazamientos que tiende a hacerse infinita: sus abordajes postulan la otredad en el mismo momento de la irrupción: la pintura desde la fotografía, la fotografía desde la performance, la realidad desde el simulacro, la verdad desde el mito...

Me encuentro con conceptos como el de "realidad” y”verdad” que no pensé que emplearía para escribir sobre Klemm y que -sin embargo-emergieron como por sí mismos. Esto no quiere decir algo como que de la obra de Klemm aflora una verdad inalienable e ineludible, oque muestra la realidad "desnuda”.

Justamente no.

Es por eso que aparecieron, porque parece inevitable hacer comparecer esos conceptos -tan trivializados y desgastados-en la comparecencia a que los lleva esta obra. Porque, están -todo el tiempo-en juego. En un espacio difícilmente discernible, proyectados como en espejo desde su otro, en ese instante en que se vislumbra que el simulacro está ahí para -paradójicamente-mostrarse.

Por esto, el proyecto curatorial partió de la relación Klemm-mito-mitología, ya que toda su producción está atravesada por un movimiento de aproximación y extrañeza a un tiempo, a los mitos y -fundamentalmente-la mitología griega y bíblica, pero también mitologías contemporáneas: desde Andy Warhol, de quien obtiene algo así como el modelo de sí mismo -la herencia a la que hacía referencia más arriba (con todas las implicaciones que una actitud de ese tipo pueda tener)-hasta Mirtha Legrand y otros (mucho más efímeros) mitos -algunos dudosos por cierto, y esto es clave-de la tv argentina y de cierto mundillo que desea y disfruta.

Dije mitología griega y bíblica.

Klemm trabaja los ámbitos de esa escritura que construyó lo que se denominó occidente (aquel mundo occidental y cristiano), el libro que instaura -al proponerse como escritura primera-el mito del origen: la Biblia.

Lo griego aparece en la obra de Klemm desde un lugar ciertamente nuclear, pero que no resulta fundamentalmente de la tematización de los espacios míticos griegos -como sí ocurre con el relato bíblico-sino del modo en que son formulados, no de la recurrencia a los temas como material para la obra, sino de la forma en que se proponen: lo oracular como modo de aparición de la ”verdad”, pero también lo clásico, -mito fundante de una cultura que tiene como momento primero (con todo lo que tiene de segundo, o de apropiación) el renacimiento-en tanto forma en que esa ”verdad” se representa (como si lo hiciera por sí misma).

Esos espacios resultan dislocados en el mismo momento en que irrumpen al estar atravesados por su otro, lo clásico por el borde del desborde, lo bíblico por el lugar mismo de su caída, de su puesta en abismo -desde el lenguaje, desde el espacio de la representación-.

Todo lo anterior -la referencia a Warhol es demostrativa en muchos sentidos-desde el lugar de lo propio (como narración mítica en la que convergen realidad y ficción), en tanto encontrar en lo otro una especie de yo que no puede ser sino eso otro (probablemente la afirmación de Rimbaud: J’est un autre, sea una de las mejores definiciones de esa construcción llamada Federico Klemm).
En este sentido, la reafirmación de sí mismo carece de ingenuidad narcisista, de mito de origen, para, desde el simulacro, mostrar lo que de otro tiene yo y que hace que ese otro -en ese movimiento propiante, me atrevo a decir, conjugando un sustantivo de Derrida-devenga, a su tiempo, yo mismo, Klemm contaminando de sí mismo a sus otros que lo construyen.

La obra de Klemm se construye desde una "singularidad”, en la que se reconoce plenamente a su autor, pero, ala vez, el lenguaje en el que se instala (y en el que coloca al autor como artista) da cuenta de una serie de apropiaciones que se sitúan en la superficie y simultáneamente generan capas en las que sedimenta la lectura.

Como dice Carlos Espartaco -compañero de camino y constante pensador de la obra de Klemm-refiriéndose a los Telecristales:

El nomadismo y el eclecticismo que rige la forma ayudan el afirmarse de una progresiva descomposición en lo referente a la unidad espacial del momento productivo y unidad temporal de aquel contemplativo.3

Este borramiento de unidades tradicionales de producción y lectura, da cuenta en su mismo oponerse, del atravesamiento de los medios de comunicación masiva, del borramiento de los límites dentro de los cuales se sostuvo el pensamiento moderno del arte.4
Lenguaje klemmiano, que encuentra en lo clásico el lugar de deconstrucción de toda una concepción del arte que se sitúa en lo mimético como única forma posible de representación o en su contrario (lo tautológico) como única ”verdad” del arte, yen la Biblia el espacio de deconstrucción de lo ”mítico”5 para dar a pensar el lugar -no situado-en el que nos encontramos.

Y que, por sobre todo, se nutre del reconocimiento de la inevitabilidad y, ala vez, de la necesidad de estar alertas frente a su poder de control con la consiguiente condición de indiferenciación en tanto receptores, de los medios de comunicación masiva, sobre todo del "aparato telemático”, lugar (en el cruce de mito y realidad) nuclear del mundo en que vivimos.

Según Carlos Espartaco:

Sin embargo, se ubica en la problemática de la comunicación, necesario reconocimiento del aparato telemático que controla el mundo.

Por esta razón, absorbe dentro de la obra la diversidad espúrea de lenguajes diferenciados, plasmándolo fuera de toda lógica de consumo inmediato.6

Y, desde ya, todo un mundo de deconstrucciones superpuestas, de puesta en suspenso de los discursos y lenguajes7 que apropia, al desplazarlos en un movimiento de propiación aún más fuerte y -a la vez-más evanescente, cada vez menos sólida o, mejor dicho, (y el término cada vez, remite a la lectura, no a un recorrido temporal -algún progreso-del propio Klemm) cada vez más líquida o -incluso-gaseosa, para que puedan mezclarse los lugares de la madre, el falo, el héroe que cae, la mujer -siempre exaltada hasta el forzamiento-en un destino que no deja que la tragedia (ala que remite constantemente -lo ”griego” apareciendo en el lenguaje-) tenga lugar.

Roberto Echen

Rosario, 14 de agosto de 2010

Notas

1. Museo de arte contemporáneo de Rosario

2. Perteneciente a cierto folklore vinculado a algunos ámbitos específicos, como el del arte.

3. Espartaco Carlos, Federico Klemm Telecristales, pág. 10, Fundación Klemm Editora, Buenos Aires, 1998.

4. Pienso en Rafael Cippolini, quien hace tiempo viene trabajando el cruce en algunos casos, la convergencia en otros, de lo que se ha denominado alta y baja cultura. Federico Klemm, en un gesto que se podría caracterizar como pop -término generador pero que no llega a dar plena cuenta del dispositivo Klemm-yuxtapone y contrapone simultáneamente esos dos ámbitos.

5. Dicho así, desde la neutralidad de la generalización, porque lo que está en juego es lo mítico como construcción que sostiene los mitos singulares.

6.Espartaco Carlos, Federico Klemm Telecristales, pág. 12, Fundación Klemm Editora, Buenos Aires, 1998.

7. El paso de la pintura-fotografía analógica a la producción de imágenes digitalizadas, se inscribe en el mismo movimiento de apropiación, así como de reflexión (en los dos sentidos del término) sobre lo que emerge como elemento hegemónico en el campo de la comunicación y capaz de generar reinscripciones de los espacios y relaciones de poder.

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