Sede Castagnino
Del 11.05.18 al 30.09.18

Derrames temporales de una colección

Itinerarios para volver a pensar la génesis del arte contemporáneo argentino

Curaduría: Rojas, Nancy; Echen, Roberto

Núcleo de la Planta Alta perteneciente a la muestra "Arte Argentino. 100 años en la Colección Castagnino+macro"

Colección contemporánea

Sacco, Graciela - Cuerpo a cuerpo (de la serie Presencias Urbanas)



La colección Castagnino+macro se ha constituido en la superposición de  relatos que estallan las supuestas continuidades cronológicas en la mostración de lo que hay pero también de los agujeros, de lo que no pudo constituirse como en un tiempo pero que puede arribar anacrónicamente para formar una colección (o varias) desde su afuera.

Como espectro de una micropolítica cultural, esta colección es también las formas de transitar esos espacios que construyen discursos historiográficos para pensar, entre otros temas, el arte argentino contemporáneo.

Partiendo de un cuerpo específico y expandido de obras, esta exposición propone la problematización de los paradigmas con los que, usualmente, se ha pensado la génesis de las prácticas artísticas desarrolladas en el siglo XXI.

¿Se puede divisar un cambio radical de paradigmas de pensamiento-acción con el Ciclo de Arte experimental, llevado a cabo por el Grupo de Rosario, fechado en 1968? O, por las coordenadas temporales, sería más lícito asignarle este rol al denominado LIII Salón Nacional de Rosario: Arte sin disciplina, de 1995, que generó una apertura de referencia a nivel nacional.

En este sentido, y señalando que los límites temporales que se denominan con el nombre de décadas no parecen coincidir con las discontinuidades, los cambios o las rupturas en el campo del arte, se apela a poner en foco ciertos casos bisagra que desarman las décadas del 70, del 80 y del 90 como espacios únicos, cerrados e indivisibles. Estos fomentan la visión de una suerte de anacronismo respecto de obras de artistas que resultan representativas de ciertos momentos y condicionamientos de esas décadas y que sin embargo están fechadas con posterioridad.

Pensar a cada una de las décadas desde construcciones superpuestas que las atraviesan y que operan en tanto modos no sólo disímiles sino antagónicos en la misma época y que, en consecuencia, poseen visibilidades y velocidades diferenciales, ha acarreado el encuentro de estigmas parciales de la cultura oficial (cristalizados, en gran parte, en los premios adquisición de los distintos salones), para ex(o)ponerlos con zonas más o del todo invisibles que se proyectaron simultáneamente respondiendo, en muchos casos, a políticas del afuera. De esta manera, la muestra también hace alusión a producciones que no pertenecen a la colección, pero que son fundamentales para pensar ciertos momentos.

Desde esta perspectiva, que inscribe la posibilidad de épocas-décadas prorrogadas-suspendidas, se piensa también a las discursividades en campo expandido. Es decir, a los lenguajes desde su diversidad y yuxtaposición, donde la obra da lugar a la documentación, considerando sus bordes ambiguos, y la práctica artística a la curaduría. Nos referimos a la inclusión de citas a propuestas curatoriales dentro de la exposición, entre las que se halla Juego de damas, de Adriana Lauria, exhibida en 1995 en el Museo Castagnino y en 1996 en el Centro Cultural Recoleta. Referencia que alienta el deseo actual de una historiografía feminista del arte, cuyos destellos podemos encontrar también en otras muestras como Mujeres artistas (1996) y La línea roja (1991).

Bajo la impronta de una cultura performativa, como uno de los arquetipos posibles de la condición de contemporaneidad, también han sido incorporados a este relato curatorial algunas acciones que permiten arribar a aquellos pensamientos configuradores de lo que hoy concebimos como colección, cuando ésta es re-imaginada como una plataforma de debates. Aquí cabe señalar el impacto que tuvieron los encuentros organizados por APA (Artistas Plásticos Asociados) y moderados por Guillermo Fantoni sobre las vanguardias de los 60s en el Museo Castagnino en 1984, en el marco de la exposición 1966-1968. Arte de vanguardia en Rosario.

En este mismo plano, y a la luz de la icónica frase “Pensar es un hecho revolucionario”, de la pieza de Marie Orensanz (2001), aparece como modo de convergencia entre esos tiempos distintos y más o menos lejanos cronológicamente, la activación de una serie de manifiestos del Grupo de Rosario, firmados y fechados en los años 60, a través de sus lecturas programadas escénicamente.

En estos itinerarios que claman la necesidad de una re-escritura de la génesis del arte contemporáneo argentino, lo disciplinar y su caída se torna un lema significativo.

Aquí el parámetro es el tránsito hacia el cambio de milenio, que estuvo marcado por la caída de lo que en algún momento (moderno) fueran los pilares de la construcción de verdad en arte: las disciplinas y sus sostenes, las técnicas específicas. Sin embargo, y a través de los salones y exposiciones, se puede observar a las instituciones intentando detener esa diseminación hasta tener que hacerlas cuerpo, hasta tener que hacerse parte de ese devenir.

Ahí es donde se hace posible especular sobre algo que puede ser del orden del micro-acontecimiento: el LIII Salón Nacional de Rosario: Arte sin disciplina, de 1995, que hipotéticamente, ofició un cambio necesario para darle lugar a la contemporaneidad como condición sensible y programática. Situación que se acentuó institucionalmente con la conformación de la Colección de arte contemporáneo de Rosario en 2000.

 

Nancy Rojas y Roberto Echen