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La generación del 80 concebía el arte como una variable de importancia estratégica para el destino de la nación y se creyó en que su “cultivo y frecuentación transformaría decisiva y positivamente el destino del país”.  En  este marco,  Ballerini  retrató a Pellegrini, y Carlés conservó  la  obra  del  artista  y la  imagen  del político. El dibujo -que podría datarse en la década del 90, antes de la muerte del artista en 1902- perteneció a su colección  privada, que  a  su  muerte  fue  donada  al  antiguo  Museo  Municipal de Bellas Artes de Rosario, su ciudad natal.